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¿Qué define hoy la identidad de un café?

  • Foto del escritor: ensamblescafe
    ensamblescafe
  • 3 jul
  • 5 min de lectura

Durante décadas, preguntar de dónde venía un café era casi suficiente para imaginar lo que encontraríamos en la taza. Un Etiopía prometía notas florales; un Guatemala evocaba chocolate y frutos secos; un café mexicano hacía pensar en dulzor, nueces y una acidez delicada.


El origen funcionaba como una especie de mapa sensorial. Bastaba conocer el país o la región para anticipar la experiencia.


Hoy ese mapa sigue siendo importante, pero ya no es suficiente para revelar toda la trazabilidad de un lote. La conversación alrededor del café de especialidad se ha vuelto mucho más compleja porque la calidad dejó de depender únicamente del lugar donde germinó el grano. Ahora también importa quién lo produjo, cómo fue procesado y qué decisiones tomó el productor durante cada etapa de la poscosecha.



Del "¿de dónde viene?" al "¿cómo fue procesado?"


La evolución del consumidor explica gran parte de este cambio.


De acuerdo con el informe Specialty Coffee Transaction Guide 2024, elaborado por la Specialty Coffee Association (SCA) y Emory University, los compradores de cafés de alta calidad valoran cada vez más la información relacionada con la trazabilidad, la consistencia del productor y las prácticas de procesamiento, ya que estos factores permiten explicar mejor las diferencias de calidad entre lotes que la ubicación geográfica por sí sola.


Al mismo tiempo, los procesos experimentales han ganado una enorme visibilidad.


Fermentaciones anaeróbicas, maceraciones carbónicas, procesos térmicamente controlados o inoculados con levaduras específicas dejaron de ser curiosidades reservadas para competencias internacionales y comenzaron a formar parte de la oferta habitual de muchas cafeterías y tostadores.


Esto ocurre porque el procesamiento modifica profundamente la expresión sensorial del café. Mientras el origen determina el potencial del grano —su genética, clima, suelo y altitud—, el procesamiento define cómo ese potencial se desarrolla y llega finalmente a la taza.



Esta tendencia responde, en parte, a un mercado que busca experiencias cada vez más sorprendentes. Los cafés con notas exuberantes, alta intensidad aromática y sabores poco convencionales suelen captar la atención de quienes apenas comienzan a explorar el café de especialidad. En ese primer acercamiento, un perfil sensorial llamativo puede resultar más fácil de identificar que las diferencias sutiles entre un café cultivado en Chiapas, Veracruz o la Sierra Norte de Puebla.


Los datos muestran que esta transformación avanza con rapidez. Una encuesta realizada por Genuine Origin en 2025 encontró que cerca de siete de cada diez tostadores de café de especialidad ya trabajan con cafés procesados mediante fermentaciones anaeróbicas, mientras que la mayoría de quienes aún no lo hacen planean incorporarlos próximamente.


En las fincas esta transformación también empieza a hacerse evidente. Cada vez más productores destinan una parte de sus cosechas a procesos honey, naturales o fermentaciones controladas, motivados por una demanda creciente de cafés con perfiles sensoriales más complejos y distintivos.


En México ya existen ejemplos de este cambio. En la Sierra de Flores Magón, Oaxaca, donde durante años predominó el procesamiento lavado, varios productores han comenzado, en las últimas cosechas, a experimentar con procesos naturales. La decisión responde al interés de acceder a mercados de mayor valor agregado, pero también a una necesidad ambiental: al prescindir del despulpado y el lavado del café, estos procesos reducen significativamente el consumo de agua, una ventaja importante en una región donde el acceso al recurso hídrico puede ser limitado durante ciertas temporadas.


Sin embargo, esta evolución también plantea un reto. Cuando toda la atención se concentra en el procesamiento, existe el riesgo de que el territorio quede en un segundo plano. Un café extraordinario no nace únicamente de una fermentación innovadora. Su carácter comienza en el suelo donde crece, en el clima que acompaña la maduración del fruto, en la variedad sembrada y en la experiencia de quien toma cada decisión dentro de la finca.



La ciencia confirma que el procesamiento tiene un enorme impacto


La investigación también respalda esta transformación.


Estudios publicados durante los últimos años en revistas como Foods y Frontiers in Sustainable Food Systems muestran que la fermentación controlada modifica la composición química del café, incrementando la producción de compuestos aromáticos responsables de notas frutales, vínicas y florales que difícilmente aparecen mediante procesos tradicionales.


Investigadores de universidades en Brasil, Colombia y Europa han demostrado que variables como la temperatura, el tiempo de fermentación y las poblaciones microbianas pueden alterar significativamente el perfil sensorial de un mismo lote.


Es decir, dos cafés cultivados en la misma finca y a la misma altitud pueden ofrecer experiencias completamente distintas dependiendo de cómo fueron procesados.



El productor empieza a tener una firma propia


Quizá el cambio más interesante es que el consumidor ya no reconoce únicamente regiones. Empieza a reconocer personas.


Al igual que ocurre en el mundo del vino, algunos productores desarrollan un estilo propio que trasciende el origen geográfico. Sus decisiones durante el cultivo, la cosecha, la fermentación y el secado terminan convirtiéndose en una especie de firma sensorial.


Por eso hoy es frecuente encontrar consumidores que buscan un productor específico antes que un país determinado. No compran únicamente un café mexicano, buscan el café elaborado por cierta familia, una finca concreta o un productor cuya consistencia conocen desde hace varias cosechas.



El origen sigue siendo indispensable


Todo esto podría hacer pensar que el origen perdió relevancia. En realidad ocurre exactamente lo contrario.


Nunca habíamos necesitado comprender tan bien el origen para interpretar correctamente un café. El procesamiento no reemplaza el territorio; dialoga con él.


Una fermentación anaeróbica producirá resultados distintos dependiendo de la variedad, la altitud, el clima y las condiciones propias de cada finca. El mismo protocolo aplicado en diferentes regiones nunca produce cafés idénticos.


El origen sigue siendo la materia prima sobre la que trabajan el productor y el procesamiento.Lo que cambió fue la forma de comunicarlo.



La nueva historia del café necesita más de un capítulo


Hace unos años, una etiqueta con el nombre del país de origen y la variedad era suficiente para describir un café. Hoy sabemos que esa información apenas es el prólogo de la historia.

 

Los consumidores y compradores quieren conocer quién cultivó ese café, cómo fue procesado, cuánto tiempo permaneció en fermentación y secado, qué variedad se sembró y cuáles son las decisiones que tomó el productor para expresar el mayor potencial del grano.



En Ensambles Cafés Mexicanos creemos que esta evolución es una gran oportunidad. Nos invita a mirar el café con mayor profundidad y a reconocer que cada taza es el resultado de una suma de conocimientos, experiencias y decisiones que comienzan mucho antes de la cosecha.

 

Por eso procuramos que cada uno de nuestros cafés cuente su historia completa. Compartimos el nombre de la finca y del productor, la región, la variedad, el proceso y todos aquellos datos que permiten comprender mejor el recorrido del grano desde la raíz hasta la taza.

 

Pero también creemos que la identidad de un café no se construye únicamente con información técnica. Detrás de cada cosecha existen contextos sociales, culturales, ambientales e incluso políticos que influyen en la caficultura de cada origen. Conocer esas historias es, también, una forma de apreciar la riqueza de la cafeticultura mexicana y de reconocer a las personas que la hacen posible.



 
 
 

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